PENSAMIENTOS SUGERENTES

"Conócete a ti mismo".
Sócrates, recordando la sentencia del dios Apolo, inscrita en la entrada del Templo de Delfos

"No es mirando a la luz como se vuelve uno luminoso, sino vertiendo luz en la propia oscuridad."
Carl Gustav Jung

"En general, los hombres no quieren que se les enseñe a pensar bien; prefieren que se les diga qué han de creer."
K. Gunnar Myrdal

"Una virtud básica del hombre es el pensamiento. ... Y tu vicio básico, la fuente de tus males, es ese acto antiético que algunos practican pero que no desean admitir: el acto de dejar la mente en blanco; la voluntaria suspensión de la propia conciencia, la negación a pensar; no la ceguera, sino el rechazo a ver, no la ignorancia, sino el rechazo a conocer."
Ayn Rand. La rebelión de Atlas.

"No querría con esta obra ahorrar a los demás el que piensen; al contrario, si fuera posible, querría incitarlos a pensar personalmente."
Wittgenstein

martes, 22 de marzo de 2011

Los arquetipos y su función en la vocación del hombre

La vida humana corre por ciertos derroteros marcados por los arquetipos. Estén o no conscientes las personas de ello, su vida está signada por patrones arquetipales que la llevan en determinada dirección. Nuestra vida no sólo está regida por causa eficientes y formales, como los factores ligados a la genética y los ambientales, sino también por causas finales, al decir de Aristóteles, y redescubierto luego por Jung. Aunque pensemos que somos movidos por puras causas que van linealmente del pasado-presente al futuro, lo arquetipal nos habla de una realidad transpersonal que busca actualizar, hacerse presente, en nuestra vida: una pauta que nuestro Ser busca autorrealizar.


¿Cuál es la pauta arquetipal que dirige tu vida?


Para muestra de aquellos que quieran adentrarse un poco en este tema, les invito a leer el siguiente artículo, con el cual pueden adquirir una primera panorámica sobre la función biográfica de los arquetipos y su impacto en la vocación del hombre.


Este será un primer artículo de una serie sobre el tema.


Buen provecho y buena digestión mental-emocional.


Wladimir Oropeza
Psicólogo / Asesor Vocacional

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LA FUNCIÓN BIOGRÁFICA DE LOS ARQUETIPOS. A PROPÓSITO DE MIRABEAU O EL POLÍTICO


Juan Padilla Moreno

Siempre he creído ver en Mirabeau una cima del tipo humano más opuesto al que yo pertenezco, y pocas cosas nos convienen más que informarnos sobre nuestro contrario. Es la única manera de complementarnos un poco. Nada capaz para la política, presumo en Mirabeau algo muy próximo al arquetipo del político”. Así introduce Ortega en su librito Mirabeau o el político, publicado en 1927, el concepto de “arquetipo”. A renglón seguido afirma: “Arquetipo, no ideal. No deberíamos confundir lo uno con lo otro”. Tenemos, pues, un concepto: el de arquetipo; un ejemplo: el arquetipo del político; y un caso que se presenta como cima de este arquetipo concreto: el de Mirabeau. Vamos a tratar de aprehender desde un punto de vista filosófico la realidad a que está refiriéndose Ortega.

Es sabido el interés de Ortega por el conocimiento biográfico. Fue gran lector de biografías, y autor de algunas, aunque en un sentido poco convencional. Esta de Mirabeau es una de ellas. En el género biográfico se pueden incluir escritos como Kant (1930), Goethe desde dentro (1932), Velázquez (1954), Goya (1958); pero la lista sería mucho más larga si incluyéramos artículos y escritos más breves. El grado de profundización en la vida de los personajes en cuestión es distinto según los casos. En algunos, como el de Goethe, lo que más le interesa a Ortega es desentrañar la vocación más íntima y auténtica del personaje y señalar su grado de fidelidad a la misma. Son quizá las biografías en el sentido más propio de la palabra. Algo semejante ocurre con su semblanza de Velázquez. En sus escritos sobre Kant, en cambio, el interés se dirige especialmente a la comprensión de la circunstancia histórica en que brota la obra del genial filósofo. En Mirabeau o el político Ortega busca otra cosa. No le interesa la vida íntima ni la vocación más honda de Mirabeau (que le parece, por lo demás, poco atractiva). Tampoco le interesa especialmente su contextualización histórica. Lo que persigue en él son los resortes internos que lo constituyen en caso ejemplar y extremo de un arquetipo, el del político. Más que su vida le interesa su ejemplaridad; le interesa su vida en cuanto que es ejemplar. Pero como se trata de una ejemplaridad vital, de arquetipos vitales, biográficos, es menester verlos en ejecución, actuando.

Lo que mueve a Ortega, como veremos, es un interés hondamente metafísico. Porque, no nos engañemos, “arquetipo” es un concepto metafísico, y lo que vamos a presenciar es una batalla más de Ortega contra el idealismo, el idealismo metafísico.

Arquetipo, en efecto, se opone a ideal. “Los ideales son las cosas según estimamos que debieran ser. Los arquetipos son las cosas según su ineluctable realidad. Si nos habituásemos a buscar de cada cosa su arquetipo, la estructura esencial que la Naturaleza, por lo visto, ha querido darles, evitaríamos formarnos de esa misma cosa un ideal absurdo que contradice sus condiciones más elementales”. Los arquetipos son, por lo pronto, las condiciones que impone la realidad a cualquier proyecto vital, a cualquier biografía; condiciones básicas de compatibilidad. Son esquemas de tipos humanos constituidos por los rasgos mínimos “composibles”, como diría Leibniz. Los arquetipos se definen por contraposición; lo decisivo es que hay rasgos, notas, que son incompatibles, que se excluyen. Esto, que en la naturaleza resulta evidente, no lo es menos en la vida humana, si se toma en su integridad, con todos sus elementos constitutivos, los elementos necesarios y los de libre configuración.

Si los ideales se tomaran en serio, tendrían que partir de los arquetipos. Antes de preguntarnos sobre la configuración ideal de una vida, para que este ideal tenga verdadero relieve y contenido, tenemos que preguntarnos por la posibilidad concreta de su realización; y no por lo que respecta a las circunstancias contingentes y azarosas, sino en lo tocante a la posibilidad de estructuración de los elementos vitales básicos. El estudio de los arquetipos sería en este sentido estructuralismo; no un estructuralismo inerte, sino un estructuralismo biográfico. Los ideales humanos y morales quedan reducidos, de lo contrario, a meras abstracciones.

El idealismo que no tiene en cuenta las condiciones impuestas por la realidad propone como “deseables”, no sólo cosas que de hecho no son deseables en el sentido de que no pueden desearse eficazmente, sino además cosas que son deseables en muy escasa medida precisamente por su grado de abstracción, que las hace muy poco apetecibles. Sólo lo que se imagina con cierta concreción resulta realmente atractivo. “El ‘idealismo’ vive de falta de imaginación”. “El ‘ideal’ al uso es menos, y no más, que la realidad”.

Esto, por supuesto, no significa que no haya imperativos ideales en la vida. Los hay; pero estos imperativos no constituyen un bloque monolítico, no son un esquema fijo, sino varios —según los arquetipos—; y, en definitiva, los hay en la vida de cada cual. ¿Significa esto que lo que es bueno para unos no es bueno para otros? Significa que lo que unos pueden, otros no pueden hacerlo —se entiende, mientras sigan siendo lo que son.

Todas estas ideas generales las va descubriendo Ortega magníficamente en su ensayo sobre Mirabeau o el arquetipo del político. Y viene a cuento de que, habiendo sido Mirabeau un político genial que anticipó, en el agitadísimo período de la Revolución Francesa, lo que sería la política del siglo XIX, fue sometido a una especie de proceso post mortem y expulsado del Panteón de Grandes Hombres porque se habían descubierto ciertas “inmoralidades” en su vida. Joseph Chénier lo acusó ante la Asamblea afirmando que “no hay grande hombre sin virtud”.
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“La humanidad es como una mujer que se casa con un artista porque es artista y luego se queja porque no se comporta como un jefe de negociado”, dice Ortega. Tanto el artista como el jefe de negociado pueden ser hombres “virtuosos”, pero las virtudes que tengan en cuanto tales no serán las mismas. Esta es la cuestión. Joseph Chénier es un alma mediocre, y lo que dice sería cierto si estuviera juzgando a un hombre como él. Pero cuando se trata de un hombre grande, magnánimo, las virtudes de que se trata son otras. No es que las virtudes del pusilánime (la honradez, la veracidad, la templanza sexual) no sean virtudes; lo son. Pero en el sistema de las virtudes del alma grande y creadora, las que podríamos llamar virtudes conservadoras desempeñan un papel subordinado. Y no reconocer esta subordinación supone en el fondo una perversión moral, “pues no es sólo inmoral preferir el mal al bien, sino igualmente preferir un bien inferior a un bien superior. Hay perversión dondequiera que hay subversión de lo que vale menos contra lo que vale más. Y es, sin disputa, más fácil y obvio no mentir que ser César o Mirabeau” [1].

Esto plantea un problema moral, que es a la vez biográfico y metafísico. “En vez de censurar al grande hombre porque le faltan las virtudes menores y padece menudos vicios, en vez de decir que ‘no hay grande hombre sin virtud’, en vez de coincidir con su ayuda de cámara, fuera oportuno meditar sobre el hecho, casi universal, de que ‘no hay grande hombre con virtud’; se entiende con pequeña virtud” [2]. Es un hecho que puede resultar incómodo, perturbador, inquietante; pero es un hecho, que no puede eludirse.

“Es posible que el régimen de magnanimidad —sobre todo en el hombre público— incapacite para el servicio a las virtudes menores y arrastre consigo automáticamente la propensión para ciertos vicios”. Cabe contestar que, en principio, esta incompatibilidad no es absoluta; pero, dado que no vivimos en una circunstancia ideal, sino concreta y limitada, la imposibilidad puede ser perfectamente real.

Los arquetipos, además de esta dimensión moral, tienen otra, previa, psicológica —con raíces incluso fisiológicas—. Pensemos en el arquetipo del político. En la vida se puede ser o impulsivo o reflexivo. ¿Se puede ser las dos cosas al mismo tiempo? Nuestra personalidad puede estar constituida por distintas dosis de estos componentes. Nadie carece enteramente de ninguno de los dos. Pero no se puede ser las dos cosas, impulsivo y reflexivo, al mismo tiempo. En el político domina la impulsividad. El político es un hombre de acción. “Todo menos soñar; es decir: imaginar que se hace algo sin hacerlo”. El impulsivo actúa, y luego, acaso, reflexiona sobre lo que ha hecho. La reflexión, en caso de darse, es posterior, no previa (por eso, el acto moral por excelencia de este tipo de caracteres es el arrepentimiento, no la abstención del mal; sólo se puede reclamar de ellos “una bondad homogénea con su temperamento”, “una bondad impulsiva, que no resulta de una deliberación, como la escrupulosidad, sino de la sanidad nativa de los instintos”). El hombre de acción se ocupa; el intelectual se preocupa.

El hombre de acción además, y el político de manera especial, es poco escrupuloso con la verdad; no se preocupa mayormente por la precisión y veracidad intelectuales. Tiene incluso cierta afición a la farsa y el histrionismo.

Vive volcado al exterior, identificándose con los conflictos de su entorno; lo que tiene dos grandes consecuencias psicológicas: en primer lugar carece de intimidad y, en segundo lugar, muestra una sorprendente falta de susceptibilidad. Por carecer de intimidad, suele ser, según Ortega, un hombre poco interesante para las mujeres, al menos para las no afectadas de frivolidad. Esta ausencia de intimidad hace que, por otro lado, apenas se le pueda acusar de egoísta, porque su yo, su interés, suele coincidir con algo que está fuera de él, que abarca e interesa a más gente. Respecto a la falta de susceptibilidad, dice Ortega: “¡Bueno fuera que, obligado a resolver conflictos exteriores, llevase también en su interior conflictos! Por fortuna, existe lo que yo llamo un cutis de grande hombre, una piel de paquidermo humano, dura y sin poros, que impide la transmisión al interior de heridas desconcertantes. También habría incongruencia en exigir al político una epidermis de princesa de Westfalia o de monja clarisa” [3].

Todos estos elementos (“impulsividad, turbulencia, histrionismo, imprecisión, pobreza de intimidad, dureza de piel”) son necesarios, forman parte del arquetipo. Pero no bastan para constituir a un gran político. Además de estos rasgos de carácter, hacen falta otras cualidades más específicamente políticas. El político tiene que tener tacto y astucia para conseguir de otros hombres lo que desea. Tiene que tener “cierto sentido, y como afición nativa a la justicia”. Tiene que saber administrar, al modo de una industria, los intereses materiales y morales de una nación. Todo esto es necesario, pero no basta. El gran político viene a ser “como un alto edificio, en que cada piso sostiene al que le sigue en la vertical. La política es la arquitectura completa, incluso los sótanos”. Las cualidades extrañas y más o menos viciosas son “los cimientos subterráneos, las oscuras raíces que sustentan el gigantesco organismo de un gran político”.
Finalmente, nos da Ortega la definición de lo que constituye para él al gran político. “Hay un sentido de la palabra ‘política’ que me parece la cima de su complejo significado y que es, a mi juicio, la dote suprema que califica al genio de ella, separándolo del hombre público vulgar. Si fuese forzoso quedarse en la definición de la política con un solo atributo, yo no vacilaría en preferir éste: política es tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una nación” [4].

Son de alguna manera las cumbres las que definen los arquetipos. Y lo son porque en ellas se dan los verdaderos ideales, los ideales realizados, los ideales que se apoyan en la verdadera estructura de la realidad.
Ortega no niega el ámbito del deber ser, no niega en este sentido los ideales. Negar el deber ser sería negar la historia. Sería afirmar los arquetipos en un sentido mítico frente a la innovación, que es lo propio del ámbito de la moral, del deber ser. Si no hubiera más que realidad en el sentido de necesidad, sólo habría arquetipos en el sentido de las culturas primitivas, eterno retorno [5]. Ortega evidentemente afirma los arquetipos en otro sentido. En un sentido que no niega los verdaderos ideales, los que traspasan la realidad asumiéndola, no haciendo abstracción de ella. Ni mero ser ni mero deber ser, sino deber ser lo que se pueda ser.

Aún hay que decir algo más acerca de los “vicios” propios de un prototipo humano y de un hombre magnánimo. Dado que las sombras son inevitables en medio de las luces, lo que hace que un ser humano, a pesar de tener sombras, sea un buen ejemplar de un tipo determinado es que esas sombras estén en su debido sitio; es decir, estén en función del proyecto que tal tipo humano encierra. Por ejemplo, se ha reprochado a Mirabeau su venalidad; y es cierto que Mirabeau se vendió. Pero lo que hace de Mirabeau un magnífico ejemplar de político es que no hizo su política en función de esta venalidad; sino al contrario, su venalidad estuvo en función de su elevada visión política. Si era inevitable venderse a alguien, lo hizo con suma elegancia.
No sólo eso. El hombre grande, por la intensidad de su acción, está expuesto a mayores riesgos. No es más virtuoso el que menos cae en la tentación, sino el que más veces la supera. “El venal Mirabeau es uno de los hombres que se han vendido menos, si se advierte que es uno de los hombres que más se ha querido comprar. El pusilánime, al hacer su cuenta al grande hombre, olvida siempre el otro factor, que es el esencial: su grande hombría” [6].
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Una verdadera psicología empírica debería trazar los perfiles de estos arquetipos. No es tarea fácil. Se trataría probablemente de una clasificación no menos rica que la de las especies animales y vegetales, con la complicación añadida de la variabilidad histórica y biográfica propia de lo humano. Ortega, en otros escritos, se ha ocupado también de otros “arquetipos”. Es muy interesante, por ejemplo, a este respecto, su Prólogo a Aventuras del capitán Alonso de Contreras, de 1943. Se trata en él del arquetipo del aventurero. Si el tipo del político era contrario al intelectual Ortega, lo es más aún el del aventurero, tal como él nos lo describe. Pero Ortega, como dice él mismo, quiere “dilatar su horizonte de humanidad”. El caso del capitán Contreras es también ejemplar: “La existencia de Alonso de Contreras nos presenta un ejemplo superlativo y químicamente puro de hombre aventurero”. El aventurero tiene muchos rasgos en común con el político: la impulsividad, la falta de reflexión e intimidad, el coraje y la energía física... A veces coinciden en una misma persona, como en el caso de Napoleón (“el mayor aventurero”, que confesaba: D’abord je m’engage, puis j’y pense). Al aventurero y al político los compara Ortega con un titán (más y menos que un hombre). Aunque la imagen zoológica más expresiva del aventurero es la del saltamontes.
Sin embargo, el verdadero político, el político completo, tiene una nota de intelectualidad que falta en el aventurero y que es necesaria en este para tener una “idea clara” de su misión. “Esta nota de intelectualidad —dice en fin Ortega— que, como un fuego de San Telmo, corona la enérgica figura del hombre de acción, es, a mi juicio, el síntoma que distingue al político egregio del vulgar (animalote) gobernante. Porque esos otros ingredientes, sin duda brutales, que constituyen su soporte vital, su peana psicofisiológica, aparecen en no pocos individuos. Casi todos los hombres de acción los poseen. Pero éste es, a mi juicio, el error: creer que un político es, sin más ni más, un hombre de acción, y no advertir que es el tipo de hombre menos frecuente, más difícil de lograr, precisamente por tener que unir en sí los caracteres más antagónicos, fuerza vital e intelección, impetuosidad y agudeza. (...) Conviene dar nombre a esa forma de intelectualidad que es ingrediente esencial del político. Llamémosla intuición histórica” [7].

A través de la biografía de Mirabeau, sucintamente expuesta entresacando unos cuantos rasgos y gestos expresivos, Ortega dibuja en su ensayo esa figura humana que es el político, uno de los muchos tipos que constituyen la estructura empírica de la vida humana, según la acertada fórmula de Marías. Un análisis riguroso de la vida humana, de la vida biográfica, descubre esta y otras estructuras que aportan a la vida de cada cual su dosis de fatalidad. Son las generaciones históricas otra estructura fatal; pero los arquetipos se sitúan en un estrato de la realidad todavía más hondo. Sin atrevernos a decir que sean intemporales —sería una exageración, es decir una falsedad—, sí diríamos que subyacen a las generaciones o, usando la bella expresión de Unamuno, que son intrahistóricos. Ortega insiste en que la vida es libertad. Pero sabe igualmente que no es sólo libertad. No se deja deslumbrar por ella. Para él la vida es un fatídico elegir, un tener que ser forzosamente libres. Pero la elección no es absoluta. El margen de elección es muy reducido. Es menester escoger entre un repertorio limitado de posibilidades, a lo sumo inventar algunas nuevas, condicionadas por nuestro pasado. Es lo que Sartre no quiere ver. Je ne peux pas me choisir comme n’importe quoi. Y sobre todas esas forzosidades se asienta, o mejor, surge en medio de toda ellas, esa otra forzosidad sui generis que es la vocación.
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[1] Obras completas, III, Alianza Editorial – Revista de Occidente, Madrid 1987, 613-614.

[2] Obras completas, III, ob. cit., 610.

[3] Obras completas, III, ob. cit., 625.

[4] Obras completas, III, ob. cit., 625.

[5] Cf Mircea Eliade, Le Mythe de l’éternel retour, Gallimard, París 1969, especialmente el capítulo Archétypes et répétition.

[6] Obras completas, III, ob. cit., 616.

[7] Obras completas, III, ob. cit., 635 y 636.

Circunstancia. Año III - Número 6 - Enero 2005
Ensayos - Fundación Ortega y Gasset

http://www.ortegaygasset.edu/contenidos.asp?id_d=357

lunes, 21 de febrero de 2011

Sobre las polaridades constructivas y destructivas. Una mirada desde la Psicología

Un aspecto presente en nuestra vida, del cual muchas veces somos inconsciente, es el de la polaridad. Estar consciente de cuáles son y cómo operan en nuestra vida es importante, si queremos obtener resultados positivos en los temas de salud, felicidad, armonía, evolución, etc.


Les anexo un artículo que de manera sencilla expone los dos tipos de polaridades que operan en la vida, siendo una de ellas un tipo de polaridad que propicia la unidad, la integración, tan necesaria para la salud y la felicidad.


¿Qué polaridades rigen tu vida, tal vez sin darte cuenta? ¿Cuáles son constructivas y cuáles destructivas?


Wladimir Oropeza

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Polaridad constructiva vs polaridad destructiva
Escrito el 04/03/09 a 09:24:43 GMT-06:00 por arana
Por Arnoldo Arana

“La polaridad fundamental está en querer vivir y morir, sufrir y gozar, tener éxito y fracasar, sin llegar a tomar conciencia de lo que está pasando”. Manuel Barroso

LA POLARIDAD ESTÁ EN LA NATURALEZA MISMA DE VIDA.

La polaridad es inmanente a todos los procesos y acontecimientos de la vida, sean de carácter biológico o social - cultural. La polaridad esta implícita en la propia naturaleza y dinámica de la vida: su estructura, sus procesos, sus interconexiones. Como dice Wilmon Henry Sheldon:“La polaridad no se limita solamente a los dos polos en cuestión, sino que  impregna por completo las regiones dentro de cada uno; se halla en la estructura y comportamiento del átomo, de la célula viva, de la planta y del animal, del propio intelecto humano, del lenguaje, etc.”.

La polaridad está presente en toda situación, proceso u organismo vivo: noche – día, hombre – mujer, espíritu – materia, frío – calor, por mencionar algunas de la categorías polares existentes en la trama de la vida. El ser humano no escapa a esta realidad. Nuestra naturaleza abarca innumerables manifestaciones de polaridad: impulso-inhibición, introvertido-extrovertido, sentimiento-razón. Así por ejemplo en el plano emocional tenemos la polaridad alegría-tristeza, amor-odio; en el plano fisiológico observamos la polaridad izquierdo-derecha, sistema nervioso simpático (catabolismo) - parasimpático (anabolismo).

De modo que “la polaridad está profundamente arraigada en el funcionamiento del organismo, es así que la sed conduce a la búsqueda del agua, el calor a la búsqueda de la frescura, la tensión a la búsqueda de un alivio en la relajación” (Doris Bersing). Agrega Guillermo Feo: “La polaridad es un estado intrínseco a todo fenómeno natural, obviamente incluimos al ser humano. Lo cual quiere decir que usted y yo poseemos los contrarios de los rasgos que nos caracterizan. Puede ser que los ignoremos y /o neguemos, conscientemente o no, pero ello no los elimina. Permanecen latentes, potencialmente listos para manifestarse en cualquier momento”.

¿QUÉ ES LA POLARIDAD?

Según Guillermo Feo la polaridad “es un estado intrínseco a toda circunstancia, hecho o fenómeno natural, consistente en la existencia de dos puntos opuestos llamados polos”. Y como apunta el propio Feo, no se trata de una “simple condición dual en la cual los contrarios se oponen y paralizan entre sí”, y permanecen irreconciliables e irremediablemente orientados a objetivos divergentes; lo cual sería admitir una visión dualista de la realidad.

El dualismo plantea que la realidad está dividida en dos partes o ámbitos totalmente distintos e inexorablemente opuestos. Esta visión o paradigma del hombre reduce la existencia humana a una concepción mecanicista, asimilando el funcionamiento de la vida humana a la de un reloj. Esta forma dual de ver la realidad es la que da lugar a la aparición del aspecto insano de la polaridad (polaridad desintegrada), al concebir al ser humano como un ser dividido en innumerables categorías polares irremediablemente separadas.

MAPAS Y POLARIDADES

El hombre con su forma de pensar y visión con que aborda y concibe la realidad, proyecta su forma de ser y estar en el mundo, percibiéndose como un sistema y, en consecuencia, abordándose y expresándose como una totalidad integrada o, por el contrario, percibiéndose y asumiéndose con una naturaleza dual, inevitablemente irreconciliable, dando lugar a  disfuncionalidades polares (polaridades desintegradas), tanto en el funcionamiento corporal, como conductual y conceptual, las cuales crea y alimenta cotidianamente. Al respecto Manuel Barroso dice: ”La polaridad no existe sino la hacemos existir”.

Pero el hombre es más que un conjunto de categorías polares; es un sistema integrado e interconectado, una totalidad. Así los polos que lo constituyen no forman realidades separadas, sino que forman parte de una misma totalidad. Estos polos aunque opuestos y diferenciados mantienen una dinámica procesal, “cooperando como soportes mutuos”, a la vez que se oponen, dando lugar así a una mezcla de tensión y complementariedad, que conlleva a procesos de diferenciación y de integración que definen la naturaleza esencial de la vida.

Nuestros mapas, pues, son determinantes en la aparición de polaridades desintegradas o polaridades en equilibrio. ¿Cómo influyen nuestros mapas introyectados (impuestos, ajenos a nuestras necesidades) o metabolizados (formados con la conciencia de nuestras necesidades, asumidos responsablemente) en el proceso de alienación o identificación de alguno de los polos opuestos? Nuestros mapas nos llevan a la aceptación / alienación de cualquiera de nuestras categorías polares, bien al identificar los polos como parte de una misma totalidad o al crear   maneras parcializadas y anti-naturales de ser y estar en el mundo, al alienar alguno de los polos.

Este proceso de alienación de uno de los polos es más probable “sobre todo cuando se trata de constructos culturales y no de realidades biológicas” (Doris Bersing), producto de la influencia (creencias y concepciones dualistas) del medio ambiente socio-cultural en el que nacemos y nos desarrollamos. Muy acertadamente dice Manuel Barroso que “el mapa ajeno polariza”, refiriéndose al mapa introyectado por la acción impositiva de otros (padres, escuela, etc.). El mapa introyectado divide a la persona de forma tal que ésta “comienza a ir en dos direcciones opuestas y contradictorias: bueno y malo, obediente y rebelde, tierno y duro, agradable y desagradable, complaciente y tirano” (Manuel Barroso).

POLARIDAD DESINTEGRADA

La polaridad se convierte en insanidad (polaridad desintegrada) cuando negamos un polo y comenzamos a vivir en forma “inconscientemente parcializada”, con una visión dicotómica de la realidad: autocrático  vs democrático, estructurado vs desestructurado,  pensamiento vs sentimiento, cuerpo vs alma. Como dice el Dr. Feo: “Se pretende vivir con lo que contiene un platillo de la balanza, desconociendo la existencia del otro. Se cree estar en blanco ignorando el negro. Se cierra un ojo y se cree tener la visión completa. Se pervierte la vida dejando sólo a la Bella y negando a la Bestia…”. Esta alienación de uno de los polos, que se traduce en el intento de control sobre el polo opuesto, da lugar a una tensión interna debilitadora que consume nuestra energía vital y dañan nuestra salud física y psicológica; en un  desequilibrio que no consigue compensación, y que hace al hombre inefectivo en el contacto con el medio ambiente (el otro), como consecuencia de que “la persona está utilizando la mitad de sus recursos, desperdiciando la otra mitad necesaria para funcionar como una unidad, totalidad fundamental para alcanzar el máximo de efectividad en el contacto con el medio…” (Guillermo Feo)
 
El no concienciar y asumir la responsabilidad por la existencia de los dos polos, conlleva a un estancamiento de nuestro flujo procesal, bloqueando el funcionamiento natural del organismo: reconocimiento, aceptación y expresión de las emociones, orientación a la satisfacción de necesidades, tendencia al contacto nutritivo, búsqueda del equilibrio, etc., al paralizarnos como consecuencia de polarizar nuestra energía en dos direcciones. Este estancamiento se traduce en desintegración de la personalidad, al desconocer nuestras propias partes constituyentes; en el debilitamiento de nuestra capacidad de elección, al limitarnos a actuar únicamente bajo la dirección del polo identificado, negándonos así las opciones del polo alienado; en  la negación e incapacidad para el contacto efectivo, al restarnos flexibilidad y capacidad de comprensión de las conductas y actitudes de otras personas, que son opuestas a las nuestras, pero que por tenerlas alienadas no somos capaces de reconocerlas y manejarlas efectivamente.

La falta de aceptación responsable de alguno de nuestros polos nos conduce al contacto inauténtico, como consecuencia de la “parcialidad inconsciente” hacia un polo y la negación del otro. Una polaridad no reconciliada – desintegrada - nos inhabilita para el contacto efectivo. “La polaridad nace de la pérdida de contacto con su propia experiencia, la distorsión o la negación de la misma” (Manuel Barroso). Se mantiene, entonces, “un pseudo contacto y hay una afirmación en la no experiencia y en la negación. Nos convertimos, sin percatarnos, en buitres-ciervos, negando el buitre; en lobos-ovejas, negando el lobo y realzando la oveja” (Manuel Barroso).

La polaridad en este sentido es, como dice Manuel Barroso: “Energía que ya no se dirige en la dirección del crecimiento, según las necesidades del individuo, es el proceso a través del cual el individuo organiza y simboliza sus creencias acerca de sí mismo, de su contexto y del mundo externo ajeno a sí...”

Pero experimentar crecimiento personal supone integrar las diferentes partes que conforman el sistema humano y sus opuestos. Cuando un polo está alienado, excluimos una gama importantes de elecciones y comportamientos potenciales existentes en nuestra condición y posibilidades como seres humanos. En tal situación nuestra forma de ser y estar en el mundo es inauténtica, por carecer de uno de los elementos constituyentes y definitorios de nuestra naturaleza. En este caso la forma de andar en el mundo es la del control, excluyendo la opción de la libertad: espontaneidad, autenticidad, congruencia, autonomía. Perdemos además flexibilidad y adaptabilidad, pues al tener un polo alienado sólo contamos con las opciones que nos provee el polo identificado y aceptado, pero tenemos vedadas las posibilidades que potencialmente posee el polo rechazado – alienado.  Esta situación nos coloca en una posición de vulnerabilidad y desventaja en nuestra interrelación con el medio ambiente.

INTEGRANDO NUESTRAS POLARIDADES

Al integrar nuestras polaridades podemos vernos y percibirnos en toda nuestra potencialidad – totalidad, desde una visión holística; nuestro funcionamiento se hace también más espontáneo: auténtico. Por otra parte, crecemos en nuestra capacidad de adaptación y gama de respuestas en nuestro intercambio con el medio ambiente, lo que incrementa considerablemente nuestra posibilidad de nutrirnos en nuestro intercambio con el entorno. El organismo además restablece su equilibrio y capacidad de autorregularse.  

Integrar nuestros polos opuestos implica que potencialmente ambos polos están disponibles para moverme e interactuar con libertad con el medio ambiente. En tal estado me percibo interiormente y me siento capaz de desplegar todo el abanico de posibilidades de comportamientos y actitudes que me ofrece cada polo. Entonces entrarán en juego mis recursos: valores, competencias, preferencias, para optar con libertad por las posibilidades que me ofrece cada polo en particular, según mi conveniencia, mis necesidades y las circunstancias del momento.

“Es importante constatar que el hecho de conocer una característica y aceptarla no implica que ella tenga que presentarse de manera acentuada o activa en la conducta” (Doris Bersing). Por ejemplo, el hecho de reconocer mi parte violenta no hace de mí una persona violenta. Por el contrario, al aceptar nuestra parte violenta, la debilitamos a partir de la aceptación de ella y su contrario (nuestra parte pacífica). Pero si en vez de aceptar nuestra parte violenta, la negamos y reprimimos, en un momento determinado podemos dar lugar a una irrupción descontrolada de violencia peligrosa. Mi libertad de elección y mi capacidad de decisión son limitadas (estereotipadas, alienadas) a menos que me sienta y me perciba capaz de lo que me posibilita cada uno de los polos. En este sentido, la integración de mis polos me hace más auténtico y congruente.

La polaridad representa la diferenciación e integración de la naturaleza. La diferenciación conduce por sí misma a polaridades. El éxito en integrar los polos opuestos está en encontrar el punto de la adecuada tensión que utiliza cada uno de los dos polos de manera constructiva. Al integrar rasgos opuestos, completamos nuevamente a la persona. Por ejemplo: debilidad y bravuconería se integran como una silenciosa firmeza. Tal persona tendrá la posibilidad de ver la situación total sin perder los detalles. De este modo, obtiene una mejor perspectiva que le permite enfrentar la situación mediante la movilización de sus propios recursos.

BIBLIOGRAFÍA:

-Barroso Manuel. Autoestima: Ecología y Catástrofe, 1998
-Bersing Doris. Vivir un equilibrio frágil
-Feo Guillermo. Caos y Congruencia, 2003

miércoles, 2 de febrero de 2011

Una perspectiva diferente sobre la pobreza III: sobre el significado del trabajo

Julián se despertó a las 6 am sobresaltado de la cama, porque tenía una idea que le daba vueltas en su mente respecto a eso de salir de la pobreza en base al desarrollo de los talentos que había leído en el artículo "Sobre la salida de la pobreza I: a través de los talentos (el caso de un indigente): qué tan fácil o cuesta arriba sería esa una política socioeconómica del Estado centrada en las capacidades para superar la pobreza en su país, Venezuela.

Revisó de nuevo uno de los capítulos del libro "Ideas y mentalidades de Venezuela", específicamente el capítulo de "La mulata recatada" referido a un aspecto de la mentalidad del venezolano del siglo XVIII, en el cuál Julián resaltó el siguiente párrafo:

"...pesa mucho el parecer del prójimo sobre la reputación, importa mucho el sentirse justipreciado por la manera de cumplir los compromisos de la vida cotidiana. Tal es el rasero del cual depende la estima personal".

Ello, le pareció, evidencia un rasgo que todavía tiene mucho peso en la psique del venezolano: la moral heterónoma o el criterio de actuación con locus de control externo. La estima (necesidad muy marcada entre nosotros, reconocía Julián a través de varios estudios) y de la responsabilidad por los acontecimientos que han ocurrido en la vida de la mayoría tenían (y tienen) un foco externos al sí-mismo. La búsqueda de prestigio, de la valoración que los demás nos otorgaran, nos hacía bailar a un "son de locos", inconscientemente interpretado. Se hacía patente desde entonces y hasta la fecha la necesidad de estima a partir de los convencionalismos socioculturales de cada época, pero sin que el logro involucre, para muchos, una autogestión o desarrollo de los recursos internos para la generación de riquezas a nivel individual y en gran escala social.

Esto le hizo buscar dos materiales más. Un artículo de la revista "El desafío de la historia" de Di Miele donde releyó que, respecto a la manera de ser de los venezolanos de inicios del siglo XIX,:

"...no por vocación o convicción racional o espiritual ...[los venezolanos] escogen un oficio. Sólo la vanidad los mueve: «Por pura ostentación se viste el uniforme militar; se traduce mal el francés para afear al castellano; se obtiene el título de abogado para ganar el sustento diario; se reciben las órdenes sacerdotales para adquirir consideración, y se hace voto de pobreza en un convento precisamente para librarse de ella»".

Siguió leyendo Julián el artículo de la revista que los criollos venezolanos de ese entonces tienen una actitud enfrascada en "...ser no lo que pueden ser según sus capacidades sino lo que conviene socialmente: "Materialmente no hay persona distinguida que no pretenda ser militar, aunque carezca de todas las nociones preliminares e indispensables a ese noble ejercicio, ni nadie, blanco o blanqueado, que no quiera ser abogado, sacerdote o monje, y aquéllos que pueden llevar tan lejos sus pretensiones, aspiran por lo menos a ser notario, escribanos, suplentes de sacristán, o pertenecer a alguna comunidad religiosa en calidad de lego, pupilo o recogido, por manera que los campos se hallan desiertos y su fertilidad testimonia contra nuestra negligencia".

Un párrafo más le mostró la mentalidad imperante entre los criollos y muchos de los no criollos: "...una sociedad que considera que «la decencia prohíbe trabajar la tierra y ordena el desprecio de las artes mecánicas y útiles»". Una de esas paradojas no resueltas, porque como se expresaba en el artículo, a pesar de que podía alcanzarse la prosperidad económica a través de los trabajos manuales, éstos eran menospreciados. Y el sentirse menospreciado era algo muy marcado en ese entonces, y también ahora.

Para Julián, entonces, había un patrón de valoración y una actitud externalista todavía existente entre los venezolanos, incluso reconociéndolo en él como una secreta tendencia, cuando leyó en el segundo material, "Detrás de la pobreza":

"A comienzos del siglo XIX, en vísperas de la Gran Guerra de la Independencia, están presentes en las élites venezolanas … dos mentalidades: la que desdeñaba y hasta discriminaba socialmente el hecho productivo directo, por considerarlo indigno de la nobleza y del estamento 'mantuano', por un lado, y por otro la de los productores y empresarios innovadores", generalmente extranjeros éstos últimos.

Si bien en los dos últimos textos se hablaba de la mentalidad discriminatoria de la actividad productiva de los criollos, aspecto que  ha cambiado en la historia en buena medida, le seguía reverberando la frase "ser no lo que pueden ser según sus capacidades sino lo que conviene socialmente", porque ello era lo que observaba alrededor de sí, en la forma que la mayoría había escogido sus carreras y manejaban su oficio y profesión:  centrado en convencionalismo y en criterios externos que apuntan al prestigio social. Esto, además, era lo que calzaba con lo dicho por el articulista aquél, quien luego de entrevistar durante 15 años a venezolanos de diferentes colores, tamaños, preferencias sexuales, religiones, niveles socioeconómicos, edades, etc., le refirió:

"El venezolano en general es trabajador, pero me da la impresión que el trabajo es mayormente una vía de sobrevivencia y para asegurar el sostén de la familia, además de una vía para obtener valoración social al llegar a determinados cargos o tener profesiones socialmente bien vistas. Esto no es que no sea importante. El hecho delicado es que el trabajo y la profesión parece estar deslindado del conocimiento y desarrollo de los talentos, de la autogestión de las capacidades, que te llevan a una vida de mayor satisfacción, productividad y aporte a los demás. Ante la pregunta: ¿cuáles son tus fortalezas y tus debilidades?, la gran mayoría no sabe qué responder, ni siquiera cuando se les pregunta por las experiencias laborales exitosas y aquellos en donde hayan experimentado frustraciones. Una porción de los muy pocos que responden a estas preguntas no relacionan las experiencias de éxito o fracaso a rasgos o virtudes propias, sino a factores externos. Y no faltan los que exageran y se atribuyen los aportes de otros. ¡Y válgame Dios qué escuchas si preguntas por el motivo de haber escogido tal o cual carrera! Que si eso era lo que querían los padres que él o ella estudiaran, o que si los amigos escogieron estudiar "eso" y querían permanecer junto a ellos, o era lo que había. Otros al menos se acercan a decir que fue porque les gustaba, pero sin poder dar una razón muchas veces que vincule las características individuales con la profesión. Se palpa que no hay una cultura de conocimiento y cultivo de las capacidades propias, aprendiendo a casarlas con roles laborales cónsonos que le permitan explorar en muy alto grado su potencial. ¡Imagínate un país con una educación y una economía guiada por estos valores de desarrollo del propio potencial y el ajeno!".

"¡Sí! ¡Sería un giro copernicano! Psicológica, social, económica y políticamente hablando", expresó Julián, agregando: "Claro. Esta cultura centrada en las capacidades, en el desarrollo de los talentos y los valores más altos implicaría cambios en la forma de orientar políticamente a la sociedad, en los patrones de crianza de los niños, en las maneras de educar y formar a los jóvenes en colegios y universidades, y en el estilo de gerenciar a las personas en las empresas".

"Es que al menos esas profesiones y quehaceres: la política, la docencia y la gerencia, pasarían a enfocarse desde esa perspectiva de las capacidades, a escoger personas que evidenciaran un alto grado de autoeficacia y presencia de fortalezas para manifestar un desempeño superior, cónsono con altos estándares y valores que impulsen hacia el desarrollo", comentó el escritor.

Julián, acto seguido, citó a un reconocido escritor en el mundo de la gerencia actual: "Y con ello se cumpliría lo que una vez escribió Peter Drucker: que los trabajadores «tienen que aprender a hacerse una pregunta que no se han hecho antes: ¿Cuál debería ser mi contribución?»". Acertadamente Drucker expresa que "...para responder a esta cuestión tiene que estar claro en lo siguiente, preguntándose y diciéndose las personas lo siguiente: «¿Qué es lo que exige la situación? Teniendo en cuenta mis puntos fuertes [talentos, fortalezas], mi forma de trabajar [más eficiente] y mis valores. ¿Cómo puedo contribuir mejor a lo que debe hacerse? Y, por último: ¡Qué resultados tienen que conseguirse para considerarlos verdaderamente significativos?»".

Sabía que este cambio de referentes sería un paso importantísimo en la construcción de una sociedad centrada en el "intercambio de valor por valor" como lo expresaba Rand, una sociedad en la cuál las personas estarían claras en la mejor y mayor contribución que podrían brindar desde sí misma, desde sus mayores y mejores virtudes y valores, recibiendo una digna y próspera retribución, porque la mayoría ─no hay que dejar de considerar la existencia de las excepciones, por ley de Campana de Gauss─ rendiría con una alta productividad, con placer y facilidad, porque al trabajar desde las reales fortalezas nacidas del desarrollo de los talentos, virtudes del alma y dones del espíritu, en armonía con lo que te apasiona y con los propios valores-del-ser, lo que se cosecha es felicidad y prosperidad.

Y el establecimiento de una cultura de tales características, ¿no sería algo en lo cual tendría que trabajar mayormente las clases dirigentes en los diversos ámbitos político, social, económico, educativo, religioso, con las comunidades? (Continuará...)


Bibliografía:

  • Di Miele, R. (2010). "Pura ostentación". El desafío de la historia, N° 3, Año 3, p. 114-115.
  • Drucker, P. (2005). "Gestionarse a sí mismo". En, Ibarra, Drucker, Kotter y Ciampa, Cómo gestionarse a sí mismo. Barcelona: Deusto.
  • Pino Iturrieta, E. (2008). Ideas y mentalidades de Venezuela. Caracas: Alfa.
  • Rand, A. (2005). La rebelión de Atlas. Buenos Aires: Grito Sagrado.
  • Ugalde, L.; España, L.; Lacruz, T.; De Viana, M.; González L.; Luengo N.; y Ponce M. (2005). Detrás de la pobreza. (4° ed). Caracas: Asociación Civil para la Promoción de Estudios Sociales y UCAB.

Una perspectiva diferente sobre la pobreza II: las reflexiones de Julián

Julián recordaba las palabras del artículo ("Sobre la salida de la pobreza I: a través de los talentos (el caso de un indigente)"), donde el escritor había expresado que el apoyo a otros a salir de la pobreza era una decisión individual, siendo, además, conveniente el apoyo institucional del Estado. No era esto último lo que planteaba Ayn Rand en su novela "La rebelión de Atlas" como función del Gobierno, ya que la búsqueda y alcance de la felicidad, como meta última de toda vida, la concebía dicha autora como una responsabilidad individual: el hombre debía concebirse como un fin en sí mismo, no un fin para otros, tesis ésta que iba en contra de todo esclavismo, explotación, etc., al indicar que ningún hombre puede usar a otros para el logro de sus fines, sino establecer tratos concertados donde se intercambie valor por valor.

Es decir, pensaba Julián, si toda acción y servicio implica costos, porque nada es gratis (todo servicio consume recursos de diversos tipos: tiempo, energía y monetario) y alguien siempre paga por los servicios sociales o gubernamentales, el gasto o pasivo financiero que los programas de ayuda generan, así como los de la burocracia estatal, inevitablemente se le cobraba a alguien: comúnmente ese gasto se le endosaba a la larga a los productores, y a las personas en general de los niveles socioeconómicos medio y alto, vía impuestos. Y desde este punto de vista se resaltaba una perspectiva que normalmente no se apreciaba: que habían grupos de personas (en diferentes niveles socioeconómicos, no sólo los pobres que no formaban parte del tren productivo, sino el caso de muchos burócratas y políticos que no agregaban valor a la sociedad, por ejemplo) usando a otros para su fin de sobrevivencia, viviendo a costa de los demás. Para Julián era un punto de vista que en principio sonaba fuerte e inhumano, pero que claramente entrañaba un acto de injusticia por parte de las personas que no consumían lo que se originaba del propio trabajo (pero, ¿y si muchos pobres no tienen trabajo?, ¿y entonces cómo hacen?), sino de lo producido por otros. Él pensaba que igualmente nadie puede justificar esto como un derecho: era una variante de la explotación que no se señalaba, que incluso podía hasta llegar a justificarse. Mas Julián consideraba esta situación como resultado de una ética errónea históricamente añejada y no reflexionada por las personas de la sociedad:  es errado pensar que la necesidad lo justifica y pide todo, que da el derecho de pedir y exigir, incluso sin haber hecho méritos ni dar algo de valor a cambio.

Julián venía de una familia de escasos recursos que al menos tenía comida, vestimenta y techo, cuyos miembros fueron ascendiendo a un nivel de vida medio, contando Julián con la fortuna de estudiar (su abuela le decía: "ésta es la única herencia que la familia puede darte. Así que ¡estudie mijo!, ¡estudie!") y aprender a sostenerse a través de sus esfuerzos. Claro, la pobreza Julián la vivió como una condición injusta en su niñez y juventud, como algo doloroso que le hacía experimentar la impotencia del no contar con las cosas que él quería cuando era un muchacho: una bicicleta, una patineta, un libro caro. Recordaba la respuesta previsible de los padres divorciados cuando les pedía esas u otras cosas: "Vamos a ver. Ahorita no hay con qué. Espérate a ver si sale una plata extra". Y a continuación la larga espera, la vana multiplicación de los terrenos baldíos de la esperanza, por no mencionar la indignación ante la incongruencia de ver cómo el dinero se destinaba a grandes fiestas para compartir con los demás familiares y amigos.

El sentimiento de esperanza de una lejana reparación de esa injusticia que era su vida de limitaciones, se sumaba a la ensoñación de lo que sería vivir una vida de ricos. Y ese revoltijo se complicaba con la secreta envidia de ver a otros que sí podían darse sus gustos o tener lo que quisieran. ¿Y qué era eso otro muy feo que hervía en aquel entonces en su interior? A estas alturas él sabía que eso era resentimiento: evocaba los escasos momentos en que llegó a conocer el lado rico de la ciudad en los inicios de su vida universitaria y cómo ese hervidero de envidia y resentimiento le quemaba las entrañas. Claro está que por su educación cristiana sentía que ello era malo, y rápidamente procedía a reprimir, en esos momentos, dichos sentimientos, a apartarlos de su conciencia, tal cual como los cristianos venían practicando desde hace dos mil años la represión del cuerpo emocional, de aquellas emociones y sentimientos tenidos por pecaminosos, como había concientizado leyendo "Ansiedad cultural", de Rafael López-Pedraza. Mezclado también estaba la aún más secreta maldición de su circunstancia y un deseo de ascender como fuera posible, incluso a veces imaginando cómo sería si lo intentaba por esas vías tenidas por inmorales pero practicadas por muchos en su sociedad, tal como se venía haciendo desde la época colonial: "¡pongame donde haiga!" o las vías de "trepado" al entrar, vía matrimonio, en el círculo de una familia pudiente, como seguían mostrando en las típicas novelas donde la pobre se casaba con el chico rico, que mantenían un alto rating en Venezuela. Pero no era eso lo que él quiso para sí: en su conciencia algo le indicaba que era otro el camino, como lo que pensaba y sentía cuando leía la "parábola de los talentos" en la Biblia y luego, ya adulto en los "Tres ejercicios literario-filosóficos de economía" de García Bacca: cada cual recibiendo dones del espíritu que se traducían en la vida diaria en talentos, los cuales debían ser conocidos y desarrollados en fortalezas para generar prosperidad y construir el reino de los Cielos acá en la Tierra; y Dios como un Gran Gerente que pide cuentas de lo que sembraste y cosechaste con tus talentos.

Recordando esos hechos de su vida mientras transitaba en el Metro, desde hace un tiempo sin escamoteo psicológicos ni justificaciones ideológicas, Julián pudo asumir en su madurez, gracias a un trabajo psicoterapéutico y de revisión espiritual,  una posición ética con una claridad que él sentía en buena medida liberadora de fuerzas internas autodestructivas, haciéndole frente a varios demonios ya mencionados que emergían de lo más recóndito de su inconsciente y en los cuales él reconocía la existencia de los problemas psicoculturales que Venezuela arrastraba desde otrora tiempos, como bien aprendió de la lectura del libro de López-Pedraza:

  • "Los conflictos más profundos del hombre son culturales";
  • "...un complejo (trozo de historia) que no se reflexiona, es decir, que no se hace consciente, se repite y aparece en nosotros con potencial destructivo".

Aunque su vida era una suma de circunstancias históricas sociales y familiares, también respondía a una serie de elecciones hechas por él, en base a sentimientos y creencias erróneas como el pensar que su vida temprana de limitaciones fue una injusticia social porque no había contado desde pequeño con el "pedazo de país" que le proveyera desde chico de todo con lo que soñaba y quería, que si Venezuela era un país rico, entonces alguien le había quitado su cuota de riqueza que le debió tocar por el simple hecho de ser venezolano. No era así: lo que te ganas a través de tus propias capacidades es a lo que tienes derecho, aunque existan otros que roben, especulen y saqueen a la nación. Si bien su familia no se preocupó por elevar su nivel de vida de manera significativa para colocar a la siguiente generación en mejores condiciones socioeconómicas, había aprendido a ser agradecido por lo que había recibido, como fueron los estudios y el acceso a libros que ampliaron su visión limitada de la vida de los primeros años de vida y de su círculo cercano.

Reconocía que estaba de acuerdo con el planteamiento de Ayn Rand y Abraham Maslow sobre la responsabilidad individual de cada persona por vivir productivamente en consonancia tanto con las propias capacidades como con el valor más alto de su ser, para el alcance de la propia felicidad.

Mientras a lo lejos escuchaba el sin fin de conversaciones que las personas sostenían en el vagón, alcanzó a escuchar la voz del conductor del metro quien anunciaba el arribo a la estación Petare, lugar de su destino. Julián se preguntó:  ¿y qué tan factible sería sembrar la idea en los venezolanos de salir adelante mediante el cultivo, a través del estudio y de la práctica, de sus capacidades: talentos, virtudes y dones? (Continuará…)

Bibliografía:

  • García Bacca, J.D. (1983). Tres ejercicios literario-filosóficos de economía. Barcelona: Anthropos.
  • López-Pedraza, R. (2000). Ansiedad cultural. Caracas: Festina Lente.
  • Maslow, A. (1991). Motivación y personalidad. (3ra ed). Madrid: Díaz de Santos.
  • Rand, A. (2005). La rebelión de Atlas. Buenos Aires: Grito Sagrado.

jueves, 13 de enero de 2011

Sobre quienes somos los venezolanos (una iniciativa de una amiga psicóloga venezolana)

Para aquelos que deseen leer y comentar sobre el tema, estamos llevando a cabo interesantes intercambios en el blog de mi amiga Maribel Padrón.

Pueden visitar estos otros enlaces. Estos temas también los tocaré, espero con mayor detalle en las próximas entradas que generaré en mi blog.

¿Quiénes somos los venezolanos? PArte I, II, III y IV. Habrán más partes con seguridad.

http://espaciovitalyconcienciadelotro.blogspot.com/2010/12/quienes-somos-los-venezolanos.html
http://espaciovitalyconcienciadelotro.blogspot.com/2010/12/quienes-somos-los-venezolanos_22.html
http://espaciovitalyconcienciadelotro.blogspot.com/2010/12/quienes-somos-los-venezolanos-iii.html

Les copio una muestra de lo platicado en la tercera entrega, invitándolos a entrar en el link justamente anterior para que lean el texto al cual damos respuesta:

4 comentarios:


Wladimir Oropeza dijo...
Estoy de acuerdo con tu planteamiento: los resultados del estudio de McClelland siguen siendo vigentes, ya que expresan dos profundas necesidades nuestras: el reconocimiento y el prestigio (a través del ejercicio del poder, vivido como un ejercicio disfuncional en las etapas tempranas y reproducido luego en las diversas interrelaciones humanas) y la aceptación y el amor (a través de la afiliación, vivida también de manera muy disfuncional), además de la necesidad de seguridad (vital y económica). Es importante destacar que el tener bajo nivel de motivación al logro (o lo que es igual, bajo nivel de locus de control interno o de internalidad), es decir, una baja orientación hacia la productividad, hacia los procesos de mejoramiento, competitividad, al proponerse frecuentes metas alcanzables-y-retadoras, y de querer ser mejor por la vía del crecimiento en los propios logros, no nos descalifica como sociedad. El problema no es que estemos orientado hacia la seguridad, el poder y la afiliación, sino que vivimos desde los antivalores cultivados en nuestra psique colectiva e individual desde los tiempos de la colonia. El predominio en nosotros de estas motivaciones no nos incapacita para el orden y la felicidad, sino que es la expresión disfuncional del poder y la afiliación, regida, insisto, por antivalores, lo que conlleva a que ejerzamos un boicot de nuestros planes conscientes, individuales y colectivos, es decir, dentro de nosotros están las fuerzas desde las cuales adversamos nuestros anhelos conscientes(Principio de Adversidad).
Wladimir Oropeza dijo...
Enfatizando un poco más sobre nuestra externalidad o locus de control externo y bajo nivel de motivación al logro, podríamos decir que este rasgo nos lleva a no ser un grupo humano altamente productivo y competitivo como USA, Japón, Alemania, etc. Pero no nos incapacita per se para ser un país que cultive el bienestar económico y psicológico. El tema es la prevalencia de antivalores: la preemiencia de referentes desde lo "peor" (y no lo mejor) de nuestro Ser. Un ejemplo de ello es lo que me parece un aspecto muy presente en nuestra psique colectiva (específicamente, nuestro inconsciente colectivo) desde los tiempos fundacionales de nuestro país: el anhelo de riqueza (que no es en sí misma mala), pero no ligado a un "intercambio de valor por valor" (Ayn Rand, La Rebelión de Atlas), sino a través de la modalidad del saqueo. Esta modalidad la presentaron nuestros conquistadores (caso ejemplar lo fue la búsqueda de El Dorado), después nuestros colonizadores, remontándose hasta nuestros días, reflejado en el "¡póngame donde haiga!"
mavele dijo...
Interesante la nota, que dice cosas que ya intuía y que me deja mas dudas que respuestas: nuestra motivación al poder ¿la tenemos desde la colonia?¿a todos los paises colonizados en esa poca les pasa lo mismo actualmente?¿porqué no a USA y Canadá?¿la culpa es, como diria Chavez, de los españoles?¿y que hicieron diferente a los ingleses para que terminaramos así? pero lo que mas me gustaría saber y espero que alguien algún día me responda es ¿habrá manera de revertir eso y hacer que nuestra sociedad trabaje en alcanzar el bienestar de los demás o debemos aceptar que eso es lo que somos, que así somos mas "felices" y que este es el pais que hemos construido y es el que merecemos?? Por mi parte cada día que pasa me siento mas como una extraterrestre recien llegada que no entiende lo que pasa alrededor :S
Wladimir Oropeza dijo...
¡Feliz 2011 Mariu! ¡Excelentes tus preguntas! Para mí sí es un factor que se configura desde la época de la conquista y la colonia. El tipo de liderazgo (por usar un término actual) que ejercieron los españoles y blancos criollos del mantuanaje y sus efectos sobre los grupos sojuzgados, que llevaron a la emergencia más acentuada de un rasgo cultural: la viveza, como mecanismo de sobrevivencia y forma de resolver necesidades. Hablamos de Tío Conejo, pero se nos olvida mencionar a Tío Tigre y lo que él representa y sigue representando en nuestra psique colectiva actual (a mi juicio, sigue vivito y coleando este personaje arquetipal en el ejercicio del liderazgo contemporáneo). Lo países que fueron colonias pueden tener algunos patrones similares, pero eso depende también de la acción y actitud de los colonizadores: toma en cuenta la cultura que transplantaron en gringolandia, centrada en instalarse, trabajar y hacerse ricos por sus propios esfuerzos (jugando un papel importante la motivación al logro en su grado, como lo manifestaban en ese entonces), formar familias (o llevarse las que ya tenían), no mezclarse con las etnias preexistentes (esto no es no bueno ni malo), etc. No creo que tenga sentido buscar un culpable, sino que todo responde a una dinámica psico cultural y socioeconómica. Yo sí creo que hay manera de revertirlo, o, mejor, irnos por mejores derroteros. Pero lo veo inicialmente más como una posibilidad individual (para aquellos que respondan y vivan desde los Valores-de-su-Ser) y que luego pueda haber una labor educativa a nivel gubernamental (¡claro!, esto exige un tipo diferente de líder que no aparece todavía en el horizonte). Aceptar que eso es lo que somos y nada más sería un craso error de identidad: identificarnos con nuestro yo inferior individual y colectivo, sin considerar los Valores-del-Ser-venezolano, de lo cual no hemos hablado todavía, y que lastimosamente se manifiesta en un caldo de valores-antivalores, porque no hemos resuelto nuestras contradicciones. Tu sensación alienígena es un excelente síntoma de la onda en la que stás vibrando!

viernes, 7 de enero de 2011

Sobre la salida de la pobreza: a través de los talentos (el caso de un indigente). Parte I

Este es un artículo que querría compartir con ustedes para ilustrar un tema harto presente en nuestro contexto venezolano, la existencia de personas pobres, y en el cual se plantea una forma de abordarlo: el usar sus talentos para salir de dicha condición, en vez de hacerlo a través de la permanencia en la mendicidad o de la postura del que quiere vivir simplemente del Estado, sin establecer un intercambio que sea de valor para ambas partes.


Estamos claros que en muchos casos hay que brindarles apoyo a las personas que evidencian algún talento, como abajo se ilustra, y lo interesante sería "cultivar una cultura" (disculpen la perogrullada) donde busquemos este tipo de salida a este problema: concientizar nuestros talentos (o capacidades, es decir: patrones recurrentes de pensamiento, sentimientos y acción, que pueden tener una aplicación productiva) y apoyar a otros a que concienticen los suyos, usando dichas capacidades para intercambiar valor por valor, lo mejor de mí por lo mejor tuyo.


Les transcribo a continuación el artículo...

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Indigente con voz de locutor recibe ofertas de empleo tras triunfar en la red

El Nacional, 07 de enero de 2011

Pocas horas después de que el periódico Columbus Dispatch colgase en su página web un vídeo de Ted Williams, un indigente dotado con una gran voz, el hombre empezó a recibir múltiples ofertas de trabajo, incluida una del equipo de baloncesto Cleveland Cavaliers para convertirse en su voz.

http://www.el-nacional.com/www/site/p_contenido.php?q=med%2F175191%2FArte+y+Espect%C3%A1culos%2FIndigente-con-voz-de-locutor-recibe-ofertas-de-empleo-tras-triunfar-en-la-red%2Fv

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Una de las cosas que más se han reiterado desde hace tiempo es que la pobreza es un derivado de las ineficientes y/o injustas estructuras socioeconómicas y políticas y que el Estado debería resolverlo. Luego de haber experimentado los sentimientos asociados al tema, me parece importante hacerse algunas preguntas: ¿responde dicha problemática solamente a un problema del modelo económico y/o político?, ¿no juegan un papel los valores -o antivalores- que cada uno decide expresar, los valores que la sociedad y los líderes reproducen?, ¿es responsabilidad solamente del Estado o de la sociedad?, ¿por qué sería así y cuáles son las implicaciones para con el resto de la sociedad?, ¿no existe la responsabilidad individual en la superación de dicha condición y estaríamos hablando solamente de víctimas?, ¿podría haber algo erróneo en la forma de abordar esta problemática a través de nuestra historia pasada y actual?


Muchas personas tal vez considerarían que estas preguntas reflejan insensibilidad por parte de quien las formula, que es inconcebible plantearlas, expresando que es muy obvio el atacar sin miramientos tal flagelo social. Y que no debe revisarse ni las implicaciones ni la forma, sino que hay que responder de forma inmediata a brindar todas las asistencias posibles, como deben hacerlo todas las personas humanitarias. Pero resulta que formular estas preguntas no es indicativo de insensibilidad ni de antihumanismo, sino de mirar la problemática desde una perspectiva diferente, que permita mayores logros y más realistas, buscando concientizar (y crear conciencia sobre) aquello que, en nosotros, genera inercia psíquica ante el cambio, e incluso se le opone y lo obstaculiza.


Recuerdo los frecuentes discursos sobre el altruismo que daba el máximo dirigente de una empresa pública, sobre las necesidades y las injusticias que han padecido muchos y siguen sufriendo, y que se debería mostrar sensibilidad social y responsabilidad ante dicho sufrimiento. Esto llevó a que permitiera la incorporación de personas tenidas por pobres algunas, o muy necesitadas otras, a puestos en la empresa para los cuales no tenían las competencias mínimas requeridas. Más allá de los muchos casos (otros pocos tenían un final mejor, luego de algunos estudios para buscar colocarlos en puestos más cónsonos con sus capacidades, en caso de ser posible) de entorpecimiento de los procesos organizacionales y malestares vividos por el equipo de trabajo de dichas áreas, debiéndose ser tolerante en aras de la moral altruista, quiero poner el acento sobre un grupo de casos en particular, casos que nos permiten tener cuidado con las generalizaciones a ultranza que muchas veces hacemos, por no hablar del voluntarismo irreflexivo bastante frecuente en nuestra cultura.


Había personas que buscaban ayuda y hasta la demandaban: se les debía dar dinero o trabajo porque era una situación de extrema necesidad o porque debía repararse una situación tenida por injusta (la existencia de algunos con mucho y muchos con poco). Sabían, me parece, de la sensibilidad que el dirigente de la empresa profesaba e iban a pedirle directamente. Pero él llegó a presenciar casos en los que luego de dejar de darles dinero y ofrecerles trabajo, estas personas desaparecían, para nunca volver. Otros aceptaban el puesto y a los pocos días dejaban de ir, sin ni siquiera tener la amabilidad de anunciar su decisión y agradecer la oportunidad. En este momento recuerdo también varios casos de personas que llegaban con “ínfulas” de ser personas importantes por haber sido ingresados directamente por el dirigente de la empresa, y que luego de caer en cuenta que no tendría oportunidad de una parcela de poder, igualmente se iban despotricando por las nuevas injusticias padecidas.


Estas experiencias con el tiempo me llevaron a pensar que, para algunos, el tema de la pobreza no era un problema en sí mismo, sino que el problema era la forma de lograr acceder a los recursos (dinero, alimentos, vestimenta, etc.) sin tener que abandonar el estilo de vida pedigüeño o de “paracaidista apoderado”. Así pude palpar de forma más clara la gran enseñanza contenida en esa pequeñita obra española, “Lazarillo de Tormes”, sobre la existencia de rasgos de viveza y oportunismo, además de la posibilidad de asumirse la pobreza como un estilo de vida (una idea igualmente expresada por Alejandro Padrón en su novela “Escuela para pobres”, escrita desde nuestra realidad). También aprecié que la actitud asistencialista, con claros rasgos heroicos (“¡heme aquí que yo, tu benefactor, tu salvador o libertador, voy a resolverte este problema, con el que tú no puedes lidiar, del cual eres una víctima!”), de tales ayudas no constituyen una forma eficiente, ni siquiera sana, de apoyar la salida de las personas de la pobreza. Pero esta postura heroica, fuertemente arraigada en nuestro inconsciente colectivo, es parte de lo que repetimos históricamente, junto con su contrapartida psicológica de la "víctima" y el "impotente".


Es decir, por un lado la actitud heroica, que en apariencia está cargada de “buena voluntad” pero esconde oscuras satisfacciones al aparecer como benefactor, a la vez que no promueve realmente el desarrollo de las “fuerzas esenciales humanas” ni capitaliza de forma sostenidamente creciente fortalezas, competencias, prácticas exitosas y un mayor bienestar psicológico y económico, si no que más bien propicia la permanencia de la dependencia institucional y estatal. Esta actitud me hizo recordar el dicho: “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”, razón por la cual las acciones de Estado de corte altruista deben ser claramente evaluadas, visualizando los posibles escenarios y exigiendo resultados. Reconozcamos tanto que esta actitud heroica (y no olvidemos sus posiciones psicológicas complementarias) ha sido una característica presente a lo largo de nuestra historia venezolana: reflejada por nuestros gobiernos y esperada por el pueblo. Es un patrón cultural de nuestra psique colectiva que necesitamos revisar por nuestro propio bien y el de los proyectos institucionales destinados a particulares y comunidades.


Por otro lado, están los que quieren mantener su estilo de vida como víctima, dependiendo de la capacidad productiva de los demás, pidiendo de manera solapada que se les ponga “donde haiga” (sic). Y aquí viene al caso esas sabias enseñanzas de: “no echéis las perlas a los cerdos”, “separad la paja del trigo”, siendo conveniente aprender a distinguir el terreno donde sí pudiera fructificar la semilla, de aquel terreno donde no. ¡Claro, estas enseñanzas bíblicas nos indican que aprendamos a hacer el bien mirando a quien! Todo lo contrario de lo que comúnmente profesamos a todo pulmón, incluso con mucho orgullo. Otro patrón que es importante desenmascarar y ponerle límites.


En el medio están aquellos que luchan con sus propias manos por salir adelante, algunos con resultados dentro del promedio, y otros llegando más lejos, al convirtiendo sus talentos en fortalezas al conjugarlas con conocimientos y destrezas cónsonas, mediante la práctica continuada, aprovechando o creando oportunidades, desempeñando trabajos acordes con sus capacidades y aprendiendo a aportar valor a los distintos entornos en los que se mueven.


Apoyar a otros en su proceso de solución de un problema y en su crecimiento personal, profesional y laboral te brinda satisfacciones si tienes motivaciones cónsonas con el ejercicio de esta actividad. Es una decisión individual, además de institucional, que considero hoy por hoy nos resulta conveniente, pero que requiere desenmascarar o no apoyar la actitud de “saqueador” que se manifiesta en los distintos niveles sociales, e incluso en varios de los que pretenden erigirse en defensores del bienestar público. Es saludable prestar apoyo bajo un esquema que promueva el crecimiento, la productividad, la autonomía, la independencia del otro, asumiendo el receptor de la ayuda su cuota de responsabilidad y dentro de un marco que implique el intercambio de valor por valor en ésta y en las restantes interrelaciones humanas.


Wladimir Oropeza
Psicólogo

Bibliografía
  • Anónimo. (1554). Lazarillo de Tormes. (6ª ed). Editorial Burgos. 1991.
  • Barroso, Manuel (2007). Autoestima del venezolano. (3ª ed). Caracas: Galac.
  • López-Pedraza, Rafael (2002). Sobre héroes y poetas. Caracas: Festina Lente.
  • Padrón, Alejandro (2009). Escuela para pobres. Caracas: Mondadori.
  • Rand, Ayn (2005). La rebelión de Atlas. Buenos Aires: Grito Sagrado.

miércoles, 5 de enero de 2011

La vinculación individuo-sociedad-cultura

En general, durante las conversaciones no expresamos una clara conciencia de la relación entre los aspectos más íntimos de nosotros mismos, nuestra herencia cultural y lo que vemos acontece en nuestra sociedad.


Quisiera proponerles un ejercicio de reflexión, en la cual ustedes lean las siguientes citas y digan lo que piensan y sienten al respecto, en relación con nuestra sociedad y ustedes dentro de ella.


"Mira a tu alrededor: lo que le has hecho a la sociedad, lo has hecho primero dentro de tu alma; la una es la imagen de la otra. Esta lamentable ruina que es ahora tu mundo, es la forma física de la traición que cometiste con tus valores, ... tu futuro, tu país y contigo mismo. Has sacrificado tus virtudes en provecho de tus vicios, ...y a los mejores hombres en provecho de los peores."
Ayn Rand. La rebelión de Atlas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La persona con desempeño superior: sobre el aporte del talento y la práctica

En relación al tema de los genios y las personas talentosas, ha habido una larga discusión en torno a dos posturas básicas: ¿los genios nacen o se hacen?


Basándonos en el Principio de complementariedad de la nueva concepción filosófica-científica, el Paradigma Emergente, sostenido por el reconocimiento de la naturaleza tanto corpuscular como ondulatoria de la materia (antes se consideraba válida o una u otra postura, pero no ambas a la vez) y que, por ende, considera que dos posturas contrarias o diferentes pueden ser válidas, podríamos responder a nuestra pregunta diciendo "ambas son ciertas: los genios nacen y también están los que se hacen".


Para mí las personas talentosas en general reúnen los siguientes requisito indisolubles: (talento + práctica)/rol acorde. Es mediante la práctica disciplinada y perseverante de los talentos (patrones recurrentes de pensamiento, sentimiento y/o conducta, que pueden tener una aplicación productiva), adquiriendo conocimientos y desarrollando destrezas mediante el ejercicio continuado y frecuente (esto es la práctica) en un rol laboral o profesional que los exige, que se genera un desempeño superior respecto al promedio, hasta el grado de ser consistentemente casi perfecto (esto es una fortaleza). El sólo talento no es suficiente y la mera práctica te puede hacer bueno en algo (más si te comparas con mediocres en ese algo), pero no será suficiente para convertirte en una persona con un desempeño superior, como algunos creen. Parece que muchos no han visto que en American Idol, aunque tengas mucha práctica, si no tienes talento musical, no destacas.


Pero es interesante lo que podemos aprender en "Fuera de serie", sobre la "regla de las 10.000 horas" (o "regla de los 10 años", como otros la llaman)
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LA REGLA DE LAS 10.000 HORAS
¿La fuente del talento?
Libro: Fueras de serie.
Capítulo II

«La imagen que surge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial, en el campo que fuere -escribe el neurólogo Daniel Levitin-. Estudio tras estudio, trátese de compositores, jugadores de baloncesto, escritores de ficción, patinadores sobre hielo, concertistas de piano, jugadores de ajedrez, delincuentes de altos vuelos o de lo que sea, este número se repite una y otra vez. Desde luego, esto no explica por qué algunas personas aprovechan mejor sus sesiones prácticas que otras. Pero nadie ha encontrado aún un caso en el que se lograra verdadera maestría de categoría mundial en menos tiempo. Parece que el cerebro necesita todo ese tiempo para asimilar cuanto necesita conocer para alcanzar un dominio verdadero».

Gladwell es buenísimo para explicar cualquier teoría usando experimentos reales. Y para ejemplificar lo de las 10,000 horas usa un ejemplo muy peculiar:

En 1990 el psicologo K. Anders Ericcsson y dos colegas más hicieron un experimento en la Academia de Música de Berlin. Lo que hicieron fue dividir a los violinistas de la escuela en 3 grupos: los estrellas, los “buenos”, y los que probablemente nunca llegarían a tocar de manera profesional y se convertirían en maestros de música.

A todos ellos se les hizo la misma pregunta: “¿A través de los años, desde que levantaste un violín por primera vez, cuántas horas haz practicado?” (Fuente).

Todos ellos habían empezado más o menos a los 5 años, y todos practicaban de 2 a 3 horas a la semana aproximadamente, durante los primeros años. Sin embargo, a los 8 años, una diferencia importante empezó a notarse en cuanto a las horas que practicaban al día. Para cuando tenían 20 años, los estrellas estaban mínimo en las 10,000 horas de práctica cada uno, los “buenos” tenían unas 8,000 y los futuros maestros de música apenas le llegaban a las 4,000 horas.

Entonces creo que esto nos deja con que la respuesta para que seamos exitosos es hacer las cosas y practicar mucho, todos los días.Y pues haz tus cálculos: para llegar a 10,000 horas de práctica y ser un experto tendrías que trabajar 8 horas diarias, 5 días a la semana, durante poco más de 5 años aproximadamente
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Hasta aquí todo el artículo en cuestión.

La práctica frecuente y disciplinada es muy importante para elevar tus talentos a fortalezas. Para ello, clarifica cuál es tu pasión (eso que te enciende y que deseas fervientemente realizar en tu vida), los talentos que están asociados a tu pasión y determina la cantidad de horas diarias que deseas practicar (dando lo mejor de ti en cada sesión, porque se requieren que sean prácticas de calidad) en función de la cantidad de tiempo que te permitirían ser un experto. Luego aprende a encontrar la función laboral que mejor se compagina con tus fortalezas (aquella función que los exige como requisito) y tus valores.


De esa manera, te apuntarías bonos para el logro de una vida productiva y feliz, y cumplirías con los establecido en la "Parábola de los Talentos", en la que se nos enseña que Dios reclama oportunamente los frutos de lo que hemos sembrado y cosechado, porque, repito, estamos acá para "conocernos a nosotros mismos" (Sócrates), conocer nuestra vocación atender a nuestro llamado, ejerciendo nuestros dones y virtudes materializados como talentos-fortalezas en un trabajo acorde con ellos.


Esto tiene que ver muchísimo con el uso que hacemos de nuestro tiempo y nuestra energía: ¿Qué hacemos con nuestra energía y nuestro tiempo? ¿En qué inviertes tú tu energía y tu tiempo?


Sobre todo a los más jóvenes de nuestra sociedad y grupos: !conozcan sus talentos, virtudes y dones, y aprovechen de acumular lo más pronto posible sus 10.000 horas de práctica para el desarrollo de fortalezas!! !Realicen lo que vienen a ser, materialicen sus potencialidades cuanto antes y ello contribuirá a su felicidad y prosperidad!!


Wladimir Oropeza
Psicólogo clínico / Asesor Vocacional


Nota: hay personas que desde muy jóvenes han mostrado una genialidad tremenda, al parecer sin acumular 10.000 horas de práctica. ¿Qué pasaría en estos casos? ¿No sería una clara manifestación del genio contenido en esa botella-personalidad? ¿No sería una clara manifestación directa del don del Ser en un receptáculo que ya viene con todo lo necesario?

Sobre tus talentos: Parábola de los Talentos

Parábola de los Talentos.


14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. 15 Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos. 16 Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos. 18 Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.


19 Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.


22 Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.


24 Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; 25 Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.


26 Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; 27 Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura. 28 Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.


29 Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.


Biblia. Mateo, 25:14-30; versión de Valera y Reina de 1909)
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¿Qué haces con los dones de tu espíritu, traducidos en talentos? ¿Los usas para crecer en productividad (realización del potencial de tu Ser)? ¿Los usas para producir y/o multiplicar la prosperidad de los cielos acá en la Tierra? ¿O dejas que el miedo te los secuestre? ¿O sigues los senderos de otros, en vez de seguir el de tu Ser, el de tu propia línea evolutiva? Y habiéndosenos dicho esto hace 2000 años, respecto a los muchos -no todos- de los que tienen menos y piden que venga alguien o algo a salvarlos: ¿qué haremos con la "indefensión o desesperanza aprendida" o con la "picarezca escasez" de otros casos? ¿Qué haremos con los antivalores que tenemos en cuanto hombre-masa, expuesto por Ortega y Gasset?

Wladimir Oropeza, el miércoles, 10 de marzo de 2010 a las 13:59